Capítulo 30. Tempestades internas.
Alejandro sintió un nudo formarse en su estómago. Sergio Castillo era un hombre con su cuota de poder en la ciudad, un rival formidable, y si decidía respaldar a Amelia, el caso contra ella sería bastante interesante. Porque aunque él tenía recursos y conexiones, sabía que Sergio también tenía los suyos, sobre todo en el poder judicial, y debía ser lo bastante astuto para resultar vencedor.
—¡Maldita sea! Escúchame bien, Eduardo —gruñó Alejandro entre dientes, su voz cargada de amenaza—. Debes