Capítulo 135. Entre el control y la libertad.
—¡Suéltame! —gritó Naomi, con toda la fuerza que pudo mientras intentaba por todos los medios zafarse de las manos que la mantenían prisionera.
Tuvo la impresión de que el bullicio de la discoteca disminuyó momentáneamente, y algunos clientes, los más cercanos a donde estaba, la observaron con curiosidad, pero nadie se atrevió a intervenir.
Los demás seguían danzando y las luces brillaban a su alrededor, ajenos al caos en el que se encontraba.
Cada segundo que pasaba, su temor aumentaba. Sentía