161. Tan apretada para mi
Finalmente me dio lo que quería.
Sus palmas rodearon mis pechos, sus pulgares rozando mis duros pezones con movimientos circulares lentos. Luego los pellizcó, con la fuerza justa para hacerme jadear, haciéndolos rodar entre sus dedos hasta que una mezcla de placer y dolor recorrió mi clítoris.
Gemí con fuerza, levantando las caderas del banco.
Su boca reemplazó sus manos en uno de mis pezones: caliente, húmedo, succionando con fuerza mientras sus dedos seguían torturando el otro. La sensación e