Ellos sabían que, aunque no pudieran conseguir lo mejor, al menos conseguir algo de los grandes beneficios ya sería un buen trato. Cuando les asignaron la misión, todos tenían la intención de darlo todo, pero al enfrentarse a la realidad de llevarla a cabo, no podían evitar sentirse abrumados.
Mirando a los dos guerreros que él mismo había dejado inconscientes, Daciano suspiró de nuevo. En su corazón había algo de compasión, pero sobre todo, preocupación. La misión que estaban llevando a cabo, s