Que hubiera llegado hasta el día de hoy sin pertenecer a ninguna secta ya era considerado afortunado y mostraba cierta habilidad. En este momento, no se atrevió a contradecir más y solo pudo tragarse el resentimiento que sentía. Rápidamente dio media vuelta y se alejó sin mirar atrás.
En ese momento, todos los presentes observaron la figura apresurada que se iba, suspirando en silencio en sus corazones. Aunque sentían aún más aversión por las acciones de Mateo, nadie se atrevía a decir nada en e