En cambio, otro anciano se rio de la situación. “¡Jajaja! Su acción equivale a suicidarse, ¿no? Al principio, tenía una oportunidad de escapar, ¡pero ahora ya no la tiene! ¡Unamos nuestras fuerzas para matarlo! Para cuando muera, ¡Nash y Kenneth tampoco podrán escapar!”.
A lo lejos, Nash y Kenneth, que estaban de pie sobre la espada voladora, tomaron cada uno una píldora curativa. Luego se sentaron sobre la espada y descansaron. Sus expresiones se volvieron solemnes mientras miraban en direcci