Trato de mover mis manos tal cual Aristo pero por más que lo intento no sucede nada. Lo intento de nuevo, y una vez más y otra, otra, y tantas veces que pierdo la cuenta. Ya comenzando a frustrarme, Aristo se acerca llamando mi atención y haciendo que detenga is movimientos y me centre en él.
-Espera- se acuclilla frente a mi tomando mis manos entre las suyas- Primero tienes que relajarte y no solo hablo de tus movimientos, también tu mente. Estás poniendo demasiada presión en ti misma y así no