El sonido infernal que emitía el celular hace unos 10 minutos tenía la cabeza hinchada. Ni siquiera tenía la paz para poder disfrutar de esa hermosa vista de la que tanto anhelaba ser parte solo un poco más.
—¿Qué quieres Gerald? —Respondí de mala gana tomando la llamada en la que escuché un resoplido de molestia del otro lado.
—¿Mili? ¿Dónde diablos estás? ¡Te he estado buscando por un tiempo!
—¿Qué diferencia hace? El contrato ha terminado, tú y yo no tenemos nada que nos ate.
Se hizo un