Una hora después de que nos encontráramos en aquella cafetería mi amiga Stefani y yo, mi amiga y yo le pagamos al camarero lo que consumimos y nos levantamos de las sillas, abrazándonos allí mismo para despedirnos. El guardaespaldas también se levantó de su silla siguiéndome por detrás de mí hasta que llegamos al coche, subiendo los dos al vehículo. Cuando el chofer paró el vehículo en el exterior de la casa de mis suegros, uno de los sicarios que había vigilando la casa, abrió la puerta ayuda