Al día siguiente cuando me desperté, me gire viendo que Giuseppe aun seguía durmiendo en nuestra cama, me levanté despacio de la cama, y entre sigilosamente en el cuarto de baño para ducharme, abri los grifos de la ducha, me quite el pijama y entre dejando que los chorros del agua golpearan mi cuerpo sintiéndome relajada, hasta que sentí en mis pechos las manos de mi esposo, pellizcando mis pezones, besando y mordisqueando mi cuello haciéndome vibrar.
— Buenos días querida esposa, ¿te ibas a du