Julieta, consciente de que estaba siendo observada, caminó con la misma elegancia y seguridad por los pasillos del hospital. Sabía que cada paso que daba estaba siendo monitoreado, pero eso no la preocupaba. Tenía un plan, y estaba decidida a llevarlo a cabo.
Llegó a la recepción y, con una sonrisa encantadora, se dirigió a la recepcionista.
— Buenos días, tengo una cita con el Dr. Martínez — dijo, mostrando los documentos que llevaba consigo.
La recepcionista, sin sospechar nada, revisó su lis