Por Florencia
La verdad es que salvo Alejo, los demás no parecían entender mis razones.
Los obreros estaban conectando los últimos aparatos del salón de belleza y las chicas estaban acomodando la mercadería en los estantes, yo estaba en la oficina, la que compartía con mi tía, en algunas sucursales teníamos una oficina cada una y si no había dos oficinas disponibles, la compartimos, poniendo dos escritorios.
Ya estaba colgada mi foto, la que estaba vestida de naranja, también había una foto en