Nada preparó a Leticia para el dolor que la recorrió después. El líquido rojo traslúcido de tres jeringas comenzó a ingresar a su cuerpo a través de las agujas insertadas hasta la base en su garganta. Y sus venas ardieron, quemaron como lava, y la respiración de Leticia se agitó.
-Ya que te crees tan fuerte, veamos si puedes resistir a esto – Mark se enderezó soltando el cuello de Leticia y sacando las jeringas con un tirón.
El cuerpo de la omega se tambaleó aun sentada y su cabeza cayó con un