Pov Cayden
—Si no abres tu boca, te arrancaré la garganta —advierto sin poder creer la maldita estupidez que hizo ese anciano, ¿Cómo demonios se le ocurrió colocar en mi cuarto esta maldita cosa?
—Yo…
Aprieto su garganta, lo más sencillo es separar la cabeza del cuerpo.
—Ahss… ¡Nohgo!
¡Detente, el perfume a rosas!, ¡Imbécil!
¿Qué?. Olfateo, me acerco y olfateo el cabello, ¿De nuevo el maldito perfume?.
¡Cayden!
Tsch.
Ella cae al suelo y sujeta su cuello con desesperación. Me mira y retrocede.