La invitación a ir de luna de miel a la casita que nos ofreció Sara y Lucas la aceptamos sin dudar, pensando en que unos días a solas nos vendría bien, para hablar sobre todo lo que nos había pasado. Una mañana me fui a la casa de mi amiga Aroa, para ver a mi hija antes de marcharnos mi esposo y yo a la casita y nada más entrar en casa, mi hija vino corriendo hacia la puerta llamando a su mami, que era el sonido más bonito que yo podría escuchar. La cogí en brazos, sentandonos junto a mi amiga