Isabella iba sentada junto a Alexander en la limusina mientras esta se abría paso a toda velocidad entre el tráfico, intentando respirar hondo. Estaba muy nerviosa. No tenía dudas sobre su capacidad para hacer su trabajo, pero, maldita sea, Alexander la había puesto nerviosa.
Se había esforzado mucho en su comportamiento profesional. La imagen de competencia controlada y serena era la que siempre buscaba proyectar. Y él la había destrozado. Estaba hechizada por sus ojos oscuros que no se aparta