—¿Hasta cuándo nos vamos a estar escapando a las dos de la madrugada? —preguntó Mar mientras Alan reía contra su cabello lleno de sudor y le bajaba la falda del vestido de dormir.
Se dejaron resbalar hasta el suelo y él la abrazó encogiéndose de hombros.
—Hasta que Mitch empiece a dormir solo, y n