—¿Te gusta así? —aquella pregunta en la voz ronca del rey la hizo estremecerse—. ¡Contéstame, malak!
—Sí… sí me gusta ¡no pares! —gimió Giulia y aquella expresión de placer en su rostro era como un permiso para que aquel monstruo dormido que era Hasan Nhasir despertara por fin.
Las pequeñas uñas