—Sólo es un sí, muñequita. Un sí es todo lo que necesito hoy y te juro que voy a hacer el hombre más feliz del mundo. Múdate conmigo, Gracie, por favor.
Grace sonrió colgándose de su cuello y se paró de puntillas para darle el beso más suave y tierno que Mitch había recibido jamás.
—¡Claro que sí!