Capítulo 312
Mitch podía jurar siendo sincero que jamás en la vida había sentido una opresión como aquella en el pecho. El cosquilleo en sus manos era de puros nervios, igual que aquel regusto amargo en lo alto de la garganta.

—¡Muñequita! ¡Gracie! ¡Gracie, respóndeme! ¡Muñequita!

Mitch gritó con todas sus fue
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