—¿Te volviste loca...? ¡No puedes!
—¡Claro que puedo! ¡Tenemos dos horas! —sentenció ella dejando caer el pantalón a un lado de la piscina y él se dio la vuelta de inmediato hasta que escuchó el chapuzón—. ¿¡Pero qué haces, dragoncito!? —se carcajeó ella—. Estamos cansados de bañarnos en piscinas j