FATALIDAD A TU SERVICIO. CAPÍTULO 3. Los zapatos de una diosa
Su piel se erizó en el mismo momento en que su mano tocó la de Faith, como si un latigazo lleno de recuerdos bajara por su columna vertebral hasta castigar su entrepierna; así que el apretón duró menos que la mirada curiosa que la muchacha le dirigió.
—¿Estás bien? —preguntó y él carraspeó, retrocediendo.
—Sí... Sí, claro. Creo que será mejor que empecemos a trabajar ya, no hay por qué demorarnos —declaró y ella se levantó de inmediato.
—Perfecto. ¿Empezamos con un recorrido por la empresa? —su