Más tarde Edward con una gran pena esperaba el ascensor, se sentía derrotado y con un gran vacío. Las palabras de Rossi le golpearon en su alma, peor que un puño en la cara, necesitaba irse pronto, salir de allí, sentía que iba a e, miro los números del ascensor. Las puertas se abrieron en el tercer piso dejando ver el rostro de Rossi, inexpresivo, con sus manos cruzadas a la altura de su vientre y al lograr mirarla noto que algo le pasaba . . .
Ella inmediatamente desvió su mirada, pero sus