Luego de que ambos se despidieron del niño, los dos se hallaban sentados en la sala de espera, impacientes y angustiados.
—¿Comiste algo? —preguntó Aitor a Aby, pues sí habían llegado desde temprano, lo más seguro era que ella estuviera sin alimentos.
Aby apretó sus labios, negó.
—No tengo hambre, solo quiero que ya se acabe la cirugía y poder estar con mi hijo…—sollozó.
Aitor frunció el ceño, la agarró con suavidad por la barbilla, la miró a los ojos.
—Y si no te cuidas y te enfermas