Evelyn se quedó inmóvil durante unos segundos al escuchar la pregunta de Damian.
Sin embargo, la forma en que él la observaba comenzó a inquietarla. Aquella mirada intensa no estaba fija en su rostro, sino mucho más abajo.
Sus ojos se abrieron de golpe.
«¡La ropa!»
El rubor le subió hasta las orejas.
Sin decir una sola palabra, echó a correr.
¡Duk! ¡Duk! ¡Duk!
El pesado sonido de sus pasos resonó por toda la habitación.
Damian se puso rígido de inmediato.
«¿Qué demonios está haciendo ahora?»
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