Al ver a su hermana, Manuel no pudo evitar extender la mano y acariciar su nuca. Habló en voz baja:
—En realidad, no importa lo que decidas hacer. Siempre que seas feliz, no te detendré. Pero debes asegurarte de hacer realmente lo que quieres. Respecto a las consecuencias, siempre que puedas asumirlas, no habrá lugar para el arrepentimiento.
—¿De verdad? —preguntó Noa. Luego rio suavemente—. Pero estoy tan indecisa en mi corazón...
¿Indecisa? Manuel podia imaginar qué la tenía indecisa.
—Estoy e