Probablemente debido a lo que acaba de suceder, en los ojos de Alex todavía se vislumbraba cierta satisfacción.
—¿No es suficiente lo que acaba de pasar para que hablemos?
Noa no sabía qué decir.
La otra mano de Alex agarró su suave nuca, enrollando algunos mechones de su cabello entre sus dedos. Su mirada se volvió sombría y sus labios se acercaron un poco más.
—Hace un momento, respondiste a mis acciones.
—¿Quién re...?
Noa iba a preguntar “¿Quién te respondió?”, pero de repente se dio cuenta