Cuando Noa se levantó, Sofía la escuchó. Gimió de sueño y luego abrió los ojos con dificultad.
Noa notó que ella aún tenía sueño y por eso le dijo:
—Puedes seguir durmiendo. Iré sola al aeropuerto.
—Claro que no. Después de todo, por fin hoy no tengo que filmar y puedo hacerte compañía al aeropuerto. Espera un poco. Te llevaré.
Noa sabía que no podría cambiar su decisión, por lo que solo pudo estar de acuerdo.
En el camino al aeropuerto, Sofía no pudo evitar chismear y preguntó:
—¿Conoces algu