Despierto y aún estoy en los brazos de Richard, ya amaneció, ha dejado de llover, con mucho cuidado trato de levantarme, para eso tengo que salirme del cerco que hicieron sus brazos alrededor de mí.
Levanto un brazo y trato de mover el otro, cuando Richard despierta.
—Buenos días Fernanda.
—Buenos días Richard, perdona no quería despertarte.
—¿Qué, quieres escapar?
—Creo que es hora de irme.
—Señorita hoy tenemos trabajo.
—Sí lo sé, pero me gustaría ir a