A partir de ese día, Augusto me llamaba en sus horas libres, o bien en mi hora de almuerzo, siempre llegaba a la casa con regalos para Marlon David que faltaba pocos días para cumplir su primer añito.
Ya estaba dando sus primeros pasos y atendía por el nombre de David y no de Marlon, esto es debido que los empleados del restaurante lo llamaban David argumentando que Marlon era un nombre muy fuerte para un niño, por supuesto yo nunca les dije que así se llamaba su papá, sólo la señora