CAPÍTULO 55 El Juego y la Estrategia
El sol de la mañana entraba tímido por las cortinas, pintando líneas sobre las sábanas revueltas que aún conservaban el calor de la noche. Ofelia abrió los ojos primero y por primera vez en mucho tiempo, no buscó una explicación racional para su tranquilidad; simplemente la sintió en el pecho, sólida y real.
Se giró apenas y encontró el torso desnudo de Lissandro, un mapa de piel caliente y músculos relajados marcado por las huellas de la noche anterior.