Diego se quedó sin palabras, incapaz de encontrar un argumento para refutar a Manuel. Dada su posición, no le sorprendía ser objetivo de un intento de asesinato. En su mente, comenzó a pensar en cuál de sus rivales en el mundo empresarial podría haber enviado a los asesinos.
Viendo que Diego no respondía, Manuel lo miró con una frialdad aún mayor.
—Te lo advertí, ¿verdad? Si algún día no la tratas bien, no dudaré en arrebatártela.
—No lo intentes,— replicó Diego con desafío, a pesar de sentirse