La revelación provocó que todos los presentes se encendieran de emoción.
Los precios empezaron a dispararse vertiginosamente.
Un millón, dos millones, tres millones...
Laura observaba la escena con asombro. ¿Tanto alboroto por un simple sobre?
Las ofertas ya alcanzaban las decenas de millones en cuestión de segundos.
Instintivamente, Laura miró hacia Diego, quien mantenía una expresión desinteresada, con la barbilla apoyada en la mano.
Finalmente, no pudo contener su curiosidad y preguntó:
—Di