En la mesa, Laura y Diego comían su cena en silencio.
A un lado, Camilo los miraba sonriente y no pudo evitar exclamar:
—Es raro que la señora y el señor no tengan que trabajar hasta tarde hoy. Normalmente preparo la cena pero nunca los veo regresar a casa a comerla.
Al oír esas palabras con un toque de reproche, Laura se rascó la cabeza avergonzada. No había remedio, los asuntos de la empresa eran cada vez más ajetreados y faltaba personal. Parecía que necesitaban contratar a un nuevo grupo.
P