El clima parecía haberse puesto de acuerdo para que aquel día fuera radiante y hermoso, concluyó Adhara divisando el sol brillante desde su ventana.
La estilista trabajaba con destreza en su cabello, mientras que la maquilladora, aplicaba suavemente los tonos perfectos en su piel.
—¡Vas a estar deslumbrante! —exclamó la esteticista, sonriendo mientras aplicaba el iluminador.
Adhara no respondió, demasiado sumida en sus pensamientos tormentosos.
«¿Por qué estaba allí?», se preguntó, sintiéndose