Mientras Madeline corría, recuerdos del pasado aparecían en su cabeza, de forma descontrolada.
Habían pasado años desde la última vez que caminó por esa carretera, siguiendo en silencio a Jeremy, mientras pisaba el camino que él había recorrido con alegría.
También fue ese año cuando, por casualidad, mientras pasaba por la entrada principal de la Universidad de Glendale, se topó con un chico brillante, guapo y amable.
Ella se disculpó con vergüenza y él le contestó diciéndole que estaba bien.