Entró en la sala del Viejo Maestro, para acompañarlo, en silencio.
Observó cómo el cielo se oscurecía, a través de las ventanas, mientras su corazón permanecía apagado y sin luz.
¿Cómo no iba a sentirse así, si su hijo y la mujer que más amaba se iban a ir con otro hombre, al día siguiente?
No había nada que pudiera hacer para detener a Madeline, pues ya se había jurado a sí mismo que no volvería a forzarla contra su voluntad.
La dejaría ir, si eso significaba que ella encontraría la ver