Las palabras de Carter tenían un significado implícito, pero los dos guardaespaldas no pudieron entender nada.
Carter, sin intención de dar explicaciones, se dio la vuelta y salió del estudio para dirigirse al dormitorio de Shirley.
En ese momento, la sirvienta se preparaba para limpiar el cuerpo de Shirley. Al ver que Carter estaba allí, la sirvienta dejó la toalla que tenía en la mano y, sabiamente, salió.
Shirley miró a Carter y luego, como siempre, evitó la mirada del hombre con asco.
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