Los latidos del corazón de Madeline comenzaron a volverse erráticos, y ella estaba más que familiarizada con aquel ritmo.
Este era el hombre al que amaba y el hombre que la amaba a ella, por lo que deberían poder llevarse bien de forma natural. Sin embargo, en ese momento, Madeline estaba anormalmente nerviosa.
Sin embargo, lo que más le preocupaba era que las marcas rojas y las cicatrices tras la caída de sus costras aparecieran de nuevo.
Ella todavía no tenía suficiente valor para enfrentar