"¡DIOS MÍO!", exclamó Ada. Ella actuó como si acabara de tocar al Dios de la Mala Suerte y arrojó la máscara que tenía en la mano al suelo con desprecio.
"Pensé que eras una belleza fuera de este mundo y que por eso Carty me ignoraba. No esperaba que tuvieras este aspecto. No me extraña que siempre lleves una máscara. ¡Oh, Dios, eres tan horrible! No, no eres horrible, ¡eres horripilante!".
Ada no guardaba la menor consideración en su habla. Ella siguió agitando su mano.
"¡Que alguien venga a