Sin embargo, fue él quien eligió este final.
Madeline miró la urna en silencio. Entonces, escuchó la fría voz del hombre detrás de ella.
"Sentirse triste es lo más inútil. Trágate tus lágrimas y cuida bien tus heridas".
Madeline se dio la vuelta y levantó sus claros y hermosos ojos. "¿Me has visto llorar?", preguntó con calma y miró en silencio la urna que estaba colocada sobre la mesa de café. "Este es el camino que él ha escogido".
Tras decir eso, Madeline se fue por donde había llegado.