Madeline estaba temblando por el viento, y su sangre parecía estar congelada.
Ella regresó a su residencia con prisa, empacó algo de ropa y su neceser, y abandonó el lugar por la noche.
Ella ya no tenía el valor de enfrentar al hombre quien era más aterrorizante que el diablo. Ella no le temía a la muerte, pero a ella realmente le asustaban los métodos crueles que él le había mostrado una y otra vez. Ella no quería verlo tratar, a las personas que ella amaba, tan cruelmente frente a ella otra