Capítulo 64: Eres todo para mí, Serenia.
Serenia rodeó con sus piernas las caderas de él, acercándolo aún más, mientras Bertrand la besaba con una pasión feroz, que parecía que iba a devorarla por completo, sus labios no se separaban ni por un instante, hasta que se quedaron mutuamente sin aliento.
—Ah, eres deliciosa mi amor… —dijo él con voz entrecortada, para continuar besándola, tocándola, llenándola de su amor.
El fuego de la chimenea era el único testigo de cómo sus caricias se volvían más eróticas y descaradas.
—¡OH, BER