El viento frío de otoño soplaba a través del bosque, con cada pisada del caballo marrón, el crujir de las hojas secas se escuchaba bajo sus patas.
La figura de esa Reina, bajo el cielo gris del día, con el mapa en mano, el arco y las flechas bien sujetos en su espalda. Vestía un conjunto de pantalones marrones, botas ajustadas, y una camisa de manga larga que aunque era elegante, no le restaba movilidad.
Los guantes de cuero protegían sus manos, listas para la acción. El aire olía a humedad