319 Comer con amigos

Después de decir eso, Nixon retrocedió y volvió a sentarse en su silla. Su rostro, antes lleno de esperanza, ahora se veía muy triste y cansado.

Ambos guardaron silencio en aquella gran oficina durante un rato. Solo se oía el suave sonido del aire acondicionado.

Finalmente, Windy rompió el silencio con una voz casi inaudible:

—Disculpe, profesor Nixon. Me voy a casa.

Sin esperar respuesta, Windy se giró de inmediato y salió de la oficina del director con pasos apresurados. El collar de oro de N
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