Dentro de la furgoneta, Evan, que siempre estaba lleno de curiosidad, ya había empezado a lanzar su ristra de preguntas.
—Mamá, ¿por qué nos vamos a un pueblo? ¿Qué hay en el pueblo? ¿Por qué este coche no es tan bonito como el coche que mamá tenía antes? ¿Por qué este coche es tan ruidoso? ¿Es que este coche ya es viejo? ¿Cuántos años tiene este coche, señor conductor?
El conductor, que oyó la inocente pregunta de Evan, solo se rió, bajito.
—Sí, pequeño. Este coche del tío es, ciertamente, ya