Justo cuando Davin estaba de pie, al borde de la autopista, con una mezcla de furia e impotencia en su pecho, el teléfono, en su mano, sonó.
Davin respondió, con una voz fría.
—¿Qué?
—Señor, es un informe del equipo de informática —dijo la voz, al otro lado del teléfono—. Ya hemos examinado las grabaciones de las cámaras de seguridad, alrededor de la casa de la señorita Windy, de los últimos días. Hemos encontrado algo, que el señor quizás debería saber. Hay un hombre, que ha sido visto varias