Windy se acercó a él con pasos pesados. Cada paso le parecía un paso que la alejaba cada vez más de la libertad que hacía un instante casi había alcanzado.
Davin no se movió de su sitio. Dejó que Windy caminara hacia él. Solo cuando Windy se detuvo frente a él, a unos dos metros de distancia, Davin abrió la boca.
—Mi mascota no puede ir a ninguna parte —dijo Davin con una voz muy baja y muy fría—. Mi mascota estará siempre conmigo. Para siempre.
Antes de que Windy pudiera reaccionar, la mano de