Toni frunció el ceño.
—El señor Davin no tiene hijos.
El policía del bigote se rascó la cabeza, desconcertado.
—Pero aquellos niños lo llamaban papá. Y sus caras... no puedo mentir, señor. El parecido era extraordinario. Si no son hijos suyos, no sé qué otra cosa podría decir.
Toni anotó toda aquella información y se la llevó a Davin a la mañana siguiente. El informe que dejó sobre la mesa de Davin antes de las ocho contenía sus hallazgos.
Primero: el té que bebió Davin contenía somnífero. Y la