El rostro de Windy enrojeció de inmediato, intensamente. La pregunta de Davin era demasiado directa y, lo que era peor, daba justo en el blanco. No podía negar que antes había estado observando el rostro de Davin repetidamente. Pero reconocerlo abiertamente era lo último que quería hacer.
Windy tartamudeó unos segundos, buscando palabras que pudieran desviar la conversación. Y entonces, sus pensamientos se dirigieron de inmediato a la bolsa de la compra, que estaba debajo de su silla.
—Ah, sí —